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jueves, 24 de septiembre de 2009

DOLORES Y EL INCIDENTE DE LA LECHE (Inspirado por el tango "Loca" de Antonio Viergol)

La segunda canción que su papá le enseñó después de “Besos y Cerezas” fue “Loca”. Desde los tres años se pasaba tarareándola hasta que empezó a convertirse en el alma de la casa. Llegó un momento en que incluso cuando callaba, la melodía seguía sonando entre murmullos. Emanaba de cada rincón, como si las paredes, el techo, la mecedora de su padre, la hubieran aprendido y ya no soportaran el silencio. Su madre siempre le decía que no la cantara, que era canción de vagabundas, pero Dolores ya no podía parar. ¿Cómo vivir arrancándole un órgano vital al cuerpo? De vez en cuando su padre la acompañaba y era en esos instantes que mejor sonaba. Él se la había enseñado por una razón.

La noche de su nacimiento, mientras dormía, don Rodolfo empezó a oír en sueños esas palabras que había escuchado tiempo atrás. “Loca/ me llaman mis amigos/ que sólo son testigos/ de mi liviano amor...” Cada segundo sonaba más fuerte, tanto que lo despertó. Mas la onírica tonada no cesó con el abrir de sus ojos. Por el contrario, se hizo más clara, más profunda. Empezó a buscar por todo el cuarto la fuente de esta música de ensueño. Tenía que estar cerca. Volteó a mirar a su esposa que dormía plácidamente como suele hacerse en las noches de octubre. Su preñada barriga estaba completamente descubierta, vibraba al ritmo de la canción y del ombligo salía un vapor blanco, denso y con olor a lluvia, a través del cual se veían las ondas viajar y confundirse en su propia espesura.