viernes, 8 de enero de 2010

PARA ROSITA NUKAK...

No lo dudó. Cerró los ojos y saltó. Sólo entendió lo que era el dolor cuando cayó. Hasta ese momento, era solo parte de un rumor que corría por el cielo. Le gustó, únicamente porque nunca lo había sentido. Nunca había sentido. Y confirmó que lo que acababa de hacer, estaba bien. Pero algo inesperado sucedió. Todo en su cuerpo se despertó con el golpe. Todo, menos sus manos. Esas siguieron dormidas, siguieron estando hechas de vapor. ¡Qué calamidad!

Cada vez que veía a los tristes desde arriba, sentía la extraña urgencia de ponerles la mano en la espalda. Creía que esa era la mejor manera de que sintieran que no estaban solos. Que alguien compartía su dolor, haciéndolo, de alguna manera, un poco más pequeño. Sin manos jamás iba a poder hacer eso, pero ya no había vuelta atrás.

Quiso entonces alejarse del mundo. No ver a los tristes tan de cerca. Caminó. Corrió. Hasta que llegó a una explanada donde el pasto se unía con el cielo para donde quiera que mirara. En medio de ese campo, se encontró una pequeña Rosa. Solo una. Estaba casi completamente marchita. Pero aún así, se veía hermosa. En sus pétalos cafés se leía una vida dura, pero vida todavía. Y se leía también que hacía mucho tiempo estaba sola.

Impulsada por la extraña urgencia que la invadía al mirar a los tristes desde el cielo, estiró el brazo, acercó su mano de vapor a la pequeña Rosa y, milagrosamente, una de sus espinas la pinchó. Bajó la mirada sorprendida y vio que sus manos se habían vuelto de carne y hueso y que de su dedo índice salía un pequeño hilo de sangre, que volvía a teñir de rojo los pétalos de la flor. Y sintió que por su dedo índice, entraba al mismo tiempo el dolor de la pequeña Rosita, que ahora era de ella también, haciéndose, de alguna manera, un poco más pequeño.

jueves, 7 de enero de 2010

SEÑORITAS DE CIUDAD (Inspirado por la pintura "La Soledad" de Paul Delvaux)

Desde que recuerdo siempre estuvo ahí. Colgado en la pared amarilla de la sala, justo enfrente del sofá verde en el que por alguna extraña razón nadie nunca se sentó. Como crecí viéndolo ahí, en su intacta envoltura de plástico, creía que era un adorno más, como un cuadro, y lo que más me gustaba era que en ninguna otra casa había visto algo parecido.

En las tardes, cuando el Sol se ponía, entraba por la ventana una luz naranja maravillosa que hacía que se viera aún más hermoso. Duraba horas enteras imaginando a qué hermosa mujer habría pertenecido, en qué lugares podría haber estado y eventualmente, qué hombre lo habría desabotonado al amor. Fueron tantas las historias que tejí alrededor de este tesoro, que un día, un diecisiete de Enero exactamente, no resistí más y decidí empezar a contárselas a mi madre para que ella me dijera cuál era la verdadera. Cuando terminé, me sonrió como sólo ella sabía hacerlo y me dijo: “Todo a su debido tiempo, querida. Cuando seas mujer, cuando seas mujer...” Me acarició el rostro y se fue a la cocina a preparar la cena.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

NO ES COMO EN LOS SUEÑOS

Los besos no detonan orquestas de violines. Tampoco alteran la velocidad del tiempo. El amor no es una caja de chocolates en forma de corazón. Ni se convierte en mariposas al entrar al estómago. Las dietas no son sinónimo de delgadez. Mucho menos de belleza. La educación no garantiza un futuro exitoso. El talento tampoco. El dinero no compra la felicidad porque la felicidad no tiene precio. Me pregunto por qué entonces cuesta tanto su ausencia. Ya lo sé. La realidad, señoras y señores, es rotundamente diferente a los sueños. Todos abrimos los ojos con sorpresa. Todos suspiramos al unísono. Todos lloramos desconsolados. El pánico se apodera del auditorio. ¡Qué injusto! La vida debería ser como la planeamos, como tantas veces la imaginamos. ¿Es mucho pedir? No. Ellos prueban lo contrario. Ellos, a quienes se les hacen realidad los sueños. Todos nos mordemos los labios. Todos sentimos ganas de vomitar. Todos lo hacemos. La ira se apodera del auditorio. Y mientras todos seguimos agachados, con la cabeza entre el retrete y el rabo entre las piernas, me paro y me salgo de mí misma. Ahí estoy, de rodillas, devolviéndole mi rabia al mundo. Y no me gusta lo que veo y me preocupa lo que veo y quiero cambiar lo que veo. Entonces sobrevuelo mi pasado y observo que mi realidad fue, de hecho, diferente a mis sueños. Pero no peor. Y sobrevuelo mi futuro y observo los sueños que, de hecho, serán diferentes a mi realidad. Pero no peores. Y sobrevuelo mi presente y sonrío. Porque tengo besos y tengo amor y tengo belleza y tengo éxito y tengo felicidad. Y mi realidad es, de hecho, rotundamente diferente a mis sueños. Pero es, de hecho, mejor.

martes, 22 de diciembre de 2009

LAUGHING WITH GOD

I made heavy love to her. As heavy as it can get. My mother always said love weighs as much in gold or diamonds. I never really understood that. When she fell asleep, I strangled her with a piano string. It seemed appropriate at the time. The red neon light that came in through the motel window gave the moment a sordid touch. Dramatic, to say the least. What a cliché. I kissed her on the forehead and took a chocolate Jesus from the nightstand drawer. I placed it on her chest and watched it melt. Did you know the human body drops one degree every hour after Death? Well, now you do.

I had a dream about Death last night. What an entrance! Fabulous! She levitated down the stairs where her prom date awaited. He put a corsage around her wrist and then she cut him in half with her sickle. Right through the waist. She made herself a necklace with his intestines and danced to Frank Zappa. Death, she can be such a bitch sometimes. I woke up laughing and got up fast. I get light-headed when I get up fast and I like it. Why do you think that is? I had maggots for breakfast. Fagot maggots, like a dove. I saved some for Death, just in case she stops by. I wouldn’t want her to get me on an empty stomach. That would be unsavory. She hasn’t though, stopped by.

What’s this I hear? It’s the church bell. Is it six already? I guess so. Time plays tricks on perception. I should get ready for church. God expects me to be on time. But I won’t, not this day.

“My boy, you smell sweet, like cheap wine.” Those were the words she whispered in my ear. I remained quiet for a minute, meditating. It’s true, I am somewhat… fermented. “Get drunk on me” I said, and she obeyed. Just like that. No questions asked. Dirty old tramp.

Oh, don’t brood. She got what she deserved for being unholy. Fine, that’s a bit much. Here’s where God come in with His sick sense of humor. It’s all about shit and babies. They are expulsed from consecutive holes and come out with a push. You see the joke in that, don’t you? God makes me laugh. God and Death both. But I digress; the point is nobody is holy. People are but feces. They walk around leaving their stench in the air. They are immune to it, but I’m not. My airways are clean.

I should cut her in pieces and make soup for the hounds. No, that’s too much trouble. I’ll just leave her be, naked on the bed. The chocolate Jesus didn’t melt completely. His face is trapped between her wrinkled breasts. He’s disgusted, I can tell. I bet He would rather be crucified again than have sex with this mother. Me? I’m nobody’s savior. No cross for me, thanks.

Do you know what a 9 mm shot does to your head at close range? Neither do I. That makes to of us then. I don’t think anyone will bother. I better write my epitaph before blowing my brains out. I’ll keep it simple, three little words: Shit and babies. That’s right, shit and babies. God will understand and He will laugh. And I will laugh. Laughing with God. That must be Heaven.

lunes, 21 de diciembre de 2009

LAS ÚLTIMAS VACACIONES DEL DIABLO

Ya no tiene que mover un dedo. Los hombres hacen todo el trabajo. Es innecesario concederles deseos u ofrecerles tesoros. Las pierden sin que él haga el más mínimo esfuerzo. En el momento que halan el gatillo, cuando traicionan, siempre que mienten. Tan sencillo como si las botaran por el inodoro y halaran la cuerda. Lo único que él tiene que hacer es ponerlas en sus respectivos envases de vidrio y marcarlos con nombre, apellido y pecado cometido. Se ven lindas ahí atrapadas. Como luciérnagas, solo que más grandes y más luminosas. Mucho más luminosas. A veces el brillo de tantas lo enceguece. En el Infierno ya nunca se hace de noche por su culpa. Por eso siempre tiene sueño. Y por eso siempre está de mal humor. Gracias a la luz de su enorme colección de almas que no lo deja dormir. Sufre de insomnio.

A veces quisiera que su hogar no fuera tan infinito, que a sus estantes se les acabara el espacio, o que se fueran todas al Cielo y alumbraran allá, donde hay tanto negro. A veces quisiera que los hombres sintieran una mayor diferencia, más dolor, al perderlas y no simplemente un corto escalofrío que no los mata, sólo los adormece. Pero no, apenas se les ponen los pelos de punta unos segundos y siguen viviendo, entumidos, hasta que se mueren. Y ni siquiera se dan cuenta de que algo les falta. Él escucha sus pasos aletargados a través del techo y a veces, pocas veces, siente pesar por ellos. Pero después ve los comerciales en televisión anunciando nuevas medicinas que ayudan a respirar mejor, a tener erecciones más largas, a cagar tres veces al día. "Si presenta problemas al orinar, se le hincha la lengua, o se le seca la boca, consulte a su médico". Es una burla. La gente no se muere de vieja, ni de enfermedades. Se muere de apatía. La ignorancia lo tensiona. Sufre de estrés. Ser Diablo no es fácil.

lunes, 9 de noviembre de 2009

HOTEL CORAZÓN

Tiene cientos de cuartos donde viven todas las personas que quiere. Son sus huéspedes. A algunos no los ha visitado en años. Sus cuartos deben estar llenos de polvo y telarañas. Ellos oyen sus pasos cuando camina frente a sus puertas. Esperan que entre y los ayude a limpiar. O al menos que les dé un abrazo. Quedan algo tristes cuando sienten que se aleja y abre la puerta de otro más afortunado.

Hay otros que visita de vez en cuando. Se toma un café con galletas y promete volver pronto. Ellos saben que no es cierto. Pasarán meses antes de que vuelva. De todos modos, ponen a hacer café día tras día. Por si acaso.

Hay un piso donde viven todos aquellos que la han herido. Los que han destrozado sus cuartos y todo lo que con tanto esfuerzo puso en ellos. No le gusta ese piso, pero a veces va y los oye moverse. Sabe que tienen la cabeza pegada a la puerta y sabe que quisieran pedirle perdón. Pero no se atreven. Algún día alguno saldrá y la mirará a los ojos sin decir nada. Y ella lo perdonará. De pronto.

Hay un solo cuarto que tiene cerrado con llave. Por la rendija de la puerta sale humo de cigarrillo y unas notas de jazz. Quien vive ahí nunca puede volver a salir.

En otro cuarto, vive un hombre algo especial. Le gustan las pecas que tiene en sus labios. A él lo visita a menudo porque la hace reír. A veces le da mal genio y dice que podría matar a diez hombres con solo mirarlos. Pero ella sabe que en realidad, él no mataría una mosca. A veces se inventan historias juntos y hablan sin parar de las cosas más tontas. Otras veces de unas más inteligentes. Hoy es su cumpleaños. Dice que está calvo y que se ve viejo. Ella sonríe y besa las pecas de sus labios. Decoró su cuarto con bombas de colores y horneó su ponqué favorito. Le cantó una canción y brindó por el día en que él llegó a su hotel, a su corazón, y se convirtió en uno de sus huéspedes permanentes.